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¿Metal fino = más cubrición? No siempre.

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Durante años se ha escuchado muchas veces la típica frase de que cuanto más fino es el aluminio, mayor poder de cubrición tiene. Y aunque en algunos casos puede parecer cierto, la realidad dentro del taller demuestra que no siempre funciona así.

Aquí es donde entra uno de los errores más comunes cuando trabajamos determinados colores plata modernos que utilizan aluminios lenticulares finos o extrafinos (Forma de lenteja). Mucha gente da por hecho que, por ser un metal extremadamente fino, va a tapar rápido y cubrir perfectamente el fondo… pero luego llegan las sorpresas.

Personalmente me he encontrado muchas veces con este problema. Ves el aluminio tan fino que piensas que el color va a cubrir con facilidad, pero cuando empiezas a aplicar manos te das cuenta de que el comportamiento es totalmente distinto al esperado. Incluso algunos de vosotros con vuestras experiencias me habéis contado exactamente la misma situación con este tipo de colores donde solo interviene este aluminio.

El problema principal está en la propia estructura del aluminio lenticular. Este tipo de aluminio tiene una forma muy diferente al aluminio convencional, tiene forma de lenteja lo que hace que no tape bien los huecos dejando pasar la luz. Mientras otros metales ayudan a cubrir mejor el fondo y rellenar visualmente los huecos, el aluminio lenticular fino trabaja de otra manera. Se orienta muy bien, aporta muchísima limpieza al efecto y genera acabados muy modernos y tecnológicos, pero al mismo tiempo deja pasar mucha más luz de la que la gente imagina.

Y ahí aparece el verdadero problema.

Aunque el aluminio sea fino, el color puede volverse extremadamente translúcido. Tanto, que incluso después de varias manos siguen viéndose diferencias de fondo, marcas de lijado, arañazos o cambios de tonalidad debajo de la base. Muchas veces el pintor sigue cargando material pensando que “todavía le falta cubrir”, cuando realmente el comportamiento del aluminio ya no va a mejorar por mucho que sigas aplicando producto.

Esto provoca varios problemas en el taller.

Por un lado aumentamos muchísimo el consumo de material porque seguimos dando manos intentando cubrir algo que el propio aluminio no es capaz de tapar correctamente por sí solo. Por otro lado empezamos a cargar demasiado la base, aumentando espesores y tiempos de evaporación. Y además aparece otro problema importante que muchos habréis visto alguna vez, el color empieza a cambiar de comportamiento al sobrecargarlo. Cuando saturamos demasiado este tipo de platas, el aluminio puede empezar a colocarse de forma diferente, alterando el efecto final, generando sombras, cambios de orientación o diferencias de tono dependiendo del ángulo desde el que se mire.

Por eso, en este tipo de colores, la preparación del fondo es absolutamente clave.

Cuando tengáis delante una plata donde únicamente intervienen aluminios lenticulares finos o extrafinos, mi recomendación es muy clara. Aplicad previamente una plata fina de fondo que os ayude a crear uniformidad y cubrición inicial. Ese fondo os va a ayudar a cerrar la superficie mucho antes, facilitará enormemente la cubrición del color final y evitará que tengáis que castigar la base con exceso de manos innecesarias. Además, conseguiréis un acabado mucho más limpio, uniforme y estable.

Al final, muchas veces en pintura no se trata solo de aplicar producto, sino de entender cómo trabaja realmente cada pigmento. Y este tipo de aluminios son el ejemplo perfecto de que un metal fino no siempre significa una cubrición alta. En el taller, comprender estos detalles marca la diferencia entre pelearte con un color durante horas… o resolverlo de forma rápida, limpia y profesional.

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